Paraiso perdido
Paraiso perdido Sus orientes rayos: por la hierba, árbol, fruto, flores,
Que cintilan de rocío; fragante la fecunda tierra
Tras benigna lluvia; y dulce es cómo llega
El manso atardecer, después la noche silenciosa
Con su pájaro solemne y esta Luna bella,
Y las gemas de los cielos, su astral cortejo:
Mas ni el hálito de la mañana al levantarse
Con cantar de pájaros tempranos, ni el surgir del Sol
En este reino venturoso, ni la hierba, fruto, flores,
Que cintilan de rocío, ni fragancia tras las lluvias,
Ni el manso atardecer, ni la noche silenciosa
Con su pájaro solemne, ni el andar bajo la Luna,
Ni los astros titilantes, nada es dulce sin ti.
Mas ¿por qué la noche toda brillan éstos, para quién
Su gloria, cuando el sueño nos cerró los ojos?».
Nuestro ancestro colectivo replicó:
«Hija de Dios y el Hombre, íntegra Eva,