Paraiso perdido
Paraiso perdido Fresca, silenciosa, salvo allí donde el silencio cede
Ante el ave de nocturno trino que, despierta ahora,
Extrema la dulzura de su canto pasional; ahora reina
Pletórica la Luna, y con luz más plácida
La faz asombra de las cosas; mas en vano,
Cuando nadie mira; vela el Cielo, todo ojos,
Contemplándote, ¿y a quién sino al capricho de Natura,
En cuya imagen toda cosa se complace,
Arrobada por seguir mirándote?”.
Me levanté cual si llamases, sin hallarte,
Y por hallarte dirigí mis pasos luego;
Y creí pasar a solas por senderos
Que de pronto me llevaron a ese Árbol
De prohibida Ciencia: muy hermoso parecía,
Más hermoso en sueños que de día;
Y mientras lo miraba con asombro, cerca había
Uno con figura y alas como ésos de los Cielos
Que a menudo vemos; sus rorantes aladares
Destilaban ambrosía; también el Árbol él miraba;
Y “Oh hermosa planta —dijo— abundante en fruto,