Paraiso perdido
Paraiso perdido Invencibles, a mis santos conducid armipotentes
Por millares y millones en compacta formación,
Igual en número a la atea turba
Sublevada y con hostiles armas, fuego,
Asaltadla sin temor, hasta el confín del Cielo
Perseguidla, echándola de Dios y de la dicha
Al lugar de su tormento, el Tártaro,
El Pozo que, dispuesto, abre anchoso ya
Su Caos de fuego a su despeño”.
»Así habló la Voz Augusta y nubes empezaron
A cubrir el Monte entero y humo a revolverse
En oscuras espirales, llamas fieras, signo
De despierta cólera. Con igual espanto la potente
Etérica trompeta resonó en lo alto
Y a su orden los poderes militantes
Que luchaban por el Cielo, en cuadro fuerte
De unidad irresistible, avanzaron en silencio,
Todas sus legiones, al sonido
De armonía instrumental que ardor heroico
Infundía, ansia de valientes gestas
Bajo líderes divinos en la causa
Del Señor y su Mesías. Y avanzan, pues,
Indisolublemente firmes: ni patente monte,