Paraiso perdido
Paraiso perdido Recibimos con solemne intento de observar,
Inmutablemente, su suprema voluntad, cuyo fin
Nosotros somos. Pero, ya que has accedido
Complaciente, para darnos instrucción, a hablar
De eso que trasciende mente terrenal y sin embargo
Nos incumbe (como cree la Altísima Sabiduría),
Dígnate ahora descender un tanto y relatar
Lo que acaso no debamos menos conocer:
Cómo comenzó este cielo que observamos
Tan lejanamente alto, ornado de movientes fuegos[250]
Incontables, y esto que produce o colma
Todo espacio, el aire circundante, universal,
Que abraza esta tierra floreciente; qué motivo
Impulsó al Creador, en su quietud sagrada
De la Eternidad, recientemente, a construir
Allá en el Caos; y empezada la obra, di
Cuándo absuelta[251], si es que puedes revelar
Lo que no por tantear secretos preguntamos
De su eterno Imperio, sino por mejor
Magnificar sus obras, cuanto más las conozcamos.