Paraiso perdido
Paraiso perdido Y a la gran Luz del Día aún le queda mucho
Por cubrir de su declive, suspendida en las alturas
Por tu voz, pues tu potente voz escucha
Y más se atardará por escucharte relatar
Su gestación, y el emergente nacimiento
De Natura de la hondura inaparente.
O si el Astro Vespertino con la Luna
A oírte se apresuran, traerá consigo nuestra noche
El silencio, y por oírte el sueño velará;
O podemos ahuyentarlo hasta que tu Canto
Se termine y despedirte antes del alba».
Así a su ilustre huésped le rogó Adán,
Y así el divino Ángel respondió gentil:
«Esta petición que con cautela me requieres
Tenia pues: aunque obras todopoderosas
¿Qué palabra o lengua serafínica podrá narrarlas,
O qué humano corazón ha de entenderlas?
Lo que alcances, sin embargo, y mejor te sirva
En gloriar al Hacedor y darte
Dicha grande no ha de silenciarse:
Esta comisión he recibido de los Cielos,
Responder a tu deseo de conocimiento
Dentro de unos límites; más allá abstente
De inquirir y no imagines penetrar