Paraiso perdido
Paraiso perdido No conversan, ni tampoco el mono con el buey,
Menos todavía pueden hombre y animal”.
Y el Todopoderoso respondió, no descontento:
»“Una cálida y sutil felicidad, advierto,
Para ti sugieres en lo que hace a la elección
De tus amigos y no probarás, Adán,
Placer, aun no faltándote, si solitario.
¿Qué piensas, pues, de mí y de este estado mío?
¿Te parezco en suficiente posesión
De dicha, o no? Yo, solo como estoy
Por toda eternidad, pues no conozco a nadie
Que sea mi segundo o semejante, menos aún mi igual.
¿Con quién habré de conversar pues yo,
Sino con criaturas que yo he hecho, a mí
Inferiores infinitos escalones por debajo
De lo que otras criaturas son respecto a ti?”.
»Cesó; humilde respondí: “Para alcanzar
La altura y la profundidad de las eternas sendas
Toda humana mente desfallece, oh Supremo.
Perfecto eres tú en ti mismo, y en ti
No existe deficiencia; no así es el hombre,
Grado a grado crece, lo que es causa del deseo
De curarse —departiendo con iguales—