Paraiso perdido
Paraiso perdido Al espÃritu del hombre, o de mover en él pasión.
Lo eminente que en su compañÃa halles
Atractivo, racional, humano, ámalo por siempre,
Pues amándolo haces bien; no asà con la pasión,
En la que no consiste el verdadero amor: refina
El amor la mente, engrandece el corazón,
Tiene asiento en la razón y es ponderado,
Es la escala por la que subir a amor celeste,
No caer en el placer carnal, razón de que
Entre bestias no encontrases tú pareja».
A lo que casi avergonzado, Adán repuso:
«Ni su exterior tan bello, ni otra cosa
De la procreación, común a toda especie
(Aunque mucho más excelso el lecho conyugal,
Con misteriosa reverencia, yo lo estimo)
Me deleita tanto, como esos actos oportunos,
Esas mil delicadezas que dÃa a dÃa fluyen
De sus hechos, sus palabras, llenas de amor
Y dulce acuerdo, que declara no fingida unión
De mente, o un alma sola en ambos:
ArmonÃa más encantadora en pareja maridada
Que el sonido melodioso lo es para el oÃdo.
Éstos, sin embargo, no esclavizan; te revelo