Paraiso perdido
Paraiso perdido Que sus pasos crueles sobre el suelo ardiente calma;
Y ahora, ya a la vista, se detienen: erizado frente
De largor temible y armas deslumbrantes, al estilo
De los rancios campeones, firme escudo y lanza,
Esperando la orden que el Caudillo poderoso
Quiera darles: éste, a través de las armadas filas
Lleva su capaz mirada y pronto tiene examinado
El batallón completo, su orden recto,
Sus rostros y estatura como Dioses;
Su número por fin calcula. Y ahora el corazón
De orgullo se le hincha y, duro en su poder,
Exulta, pues tras la creación del hombre nunca
Hubo fuerzas semejantes, comparadas con las cuales
Todas otras fueran como aquella infantería de pigmeos
Atacada por las grullas[89]; aunque la prole gigantesca
En Flegra[90] se sumase a la estirpe heroica