Paraiso perdido
Paraiso perdido Sin peligro, esfuerzo o inquietud, podemos ya
Invadirlo y habitarlo, y en el hombre
Gobernar como él en todo hubiera hecho.
Cierto es que me ha juzgado a mà también; si bien,
No a mÃ, sino a la sierpe bruta en cuya forma
Al hombre yo engañé: lo que en mà recae
Es enemistad, la que él ha de plantar
Entre yo y el ser humano; yo el talón le dañaré;
Su semilla —cuándo no se ha dicho—, mi cabeza:
¿Y quién no pagarÃa por un mundo herida,
O dolor más grande todavÃa? Ya tenéis la crónica
De mis acciones; ¿qué, oh Dioses, queda,
Más que alzaros y acceder al pleno gozo?».
Dichas estas cosas, mientras esperaba erguido
Que el clamor universal y un fuerte aplauso
Le llenasen los oÃdos, al contrario escucha
En todas partes, y de lenguas incontables,
Triste universal silbido, son de público desdén:
Se asombra, pero no por mucho tiempo
Puede, asombrándose ahora más de sÃ:
Pues siente el rostro demacrarse y afilarse,