Paraiso perdido
Paraiso perdido O a la que más ansia raramente la tendrá,
Por su perfidia, viendo conquistarla a candidato
Menos digno; o, si lo ama ella, no la entregarán
Los padres; o a su ideal encuentra él
Muy tarde, ya ligada en lazos maritales
A un despótico rival, vergüenza suya u odio;
Cosas que aflicciones infinitas causarán
Al hombre y turbarán la doméstica armonía».
No añadió a lo dicho y de ella se apartó, mas Eva
No por ello resentida, con sollozo interminable,
La melena enmarañada, a sus pies
Cayó sumisa y, abrazándolos, buscó
Conciliación, diciendo así entre lloros:
«No te apartes de este modo, Adán; testigo el Cielo
Del amor sincero y reverencia que mi corazón
Te tiene, de que inconsciente te he ofendido,
Engañada infelizmente. Suplicante tuya,
Yo te ruego, te abrazo las rodillas: no me niegues
Eso de que vivo, tu mirar gentil, tu ayuda,
Tu consejo, en ésta la mayor desdicha,