Paraiso perdido
Paraiso perdido Tú, mi solo apoyo y fuerza; pues de ti privada
¿Qué he de hacer de mí?, ¿cómo subsistir?
Mientras aún vivamos, una corta hora acaso,
Haya paz entre los dos, reuniendo ambos
—Como unidos en agravio— sola enemistad
Contra el adversario impuesto por el hado,
La Serpiente cruel. No viertas, pues, en mí
Tu encono por la desventura acontecida,
En mí, perdida ya, más miserable aún que tú,
Pues, si los dos pecamos, tú lo has hecho
Sólo contra Dios; yo contra Dios y contra ti,
Y al lugar del juicio volveré, a importunar
Con mis clamores a los Cielos, que, absuelto tú
De toda culpa, la sentencia entera caiga
En mí, sola causa de toda esta aflicción,
Yo, yo, yo, solo objeto justo de su ira».
Terminó llorando, y su actitud rendida,
Invariable si su falta, admitida y deplorada,
No era perdonada, despertó en Adán
Misericordia; pronto el corazón se le ablandó
Para con ella, su deleite solo y vida hacía poco,
A sus pies hundida ahora y afligida,