Paraiso perdido
Paraiso perdido Embelesándolos la flauta arcadia, el albogue pastoral
De Hermes, o su hipnótico bordón. Mientras,
Para saludar de nuevo al mundo con sagrada luz,
Leucotea[334] despertó a embalsamar la tierra
Con su fresco aljófar; ya Adán y la primera madre
Terminaran sus plegarias, encontrando
Fuerza procurada desde arriba, esperanza nueva,
Gozo incluso, mas al miedo todo aún sujeto.
Y Adán palabras bienvenidas a Eva dirigió:
«Eva, fácilmente admitirá la fe que todo bien
Que disfrutamos de los Cielos viene;
Mas que de nosotros algo ascienda al Cielo
Tan valioso que a la mente pueda interesar
De Dios Altísimo, o inclinar su voluntad,
Apenas se creería; mas esto hace la plegaria,
O un suspiro breve del aliento humano, elevado
Hasta el mismo Trono. Pues desde que intento
Aplacar al ofendido Dios con mis plegarias,
De rodillas ante él, con todo el corazón rendido,
Creo haberlo visto apaciguado y dulce,
Abriéndome su oído, y más seguro estoy