Paraiso perdido
Paraiso perdido Del favor con que me escucha: a su hogar, mi pecho,
Retornó la paz; a mi memoria su promesa,
Que herirá tu descendencia al adversario[335],
Cosa que ignoré en mi desespero, mas ahora
Me confirma que la idea amarga de la muerte
Ya pasó y que viviremos. Salve, pues, Eva, a ti
Llamada justamente madre de la humanidad,
Madre, sí, de todo lo viviente, pues por ti
El hombre vivirá, y toda cosa para el hombre».
A lo que Eva, triste el porte y timorata:
«Poco digna yo resulto de título tan grande,
Transgresora como soy, pues, destinada
A ser tu ayuda, fui tu trampa. Más reproche
Me merezco, desconfianza que alabanza:
Infinito, sin embargo, fue mi Juez en su perdón,
Que yo, que traje muerte a todo, sea declarada
Fuente de la vida; generoso luego tú,
Que título tan alto accedes a otorgarme
Mereciendo otro tan distinto. Mas el campo
Al trabajo ya nos llama con sudor impuesto,
Aun tras noche insomne, pues observa el alba
Que, insensible a los desvelos, sonriendo