Paraiso perdido
Paraiso perdido Empieza su rosáceo andar. Partamos pues,
Sin que yo de tu costado me separe nunca,
Dondequiera la labor transcurra, aunque ahora
Trabajosa, hasta el fin del día. Si aquí moramos,
¿Qué podría ser ingrato en veredas tan hermosas?
Vivamos pues aquí, caídos mas contentos».
Esto dijo, esto quiso la humillada Eva, mas el hado
No lo rubricó: primero dio señales la Natura
En las aves, bestias, aires; aire eclipsado de repente
Tras albor muy breve. Luego, cerca de Eva,
El pájaro de Jove[336] se lanzó desde su aérea torre
Tras dos aves pintas, rápidas delante de él;
De los montes descendió el selvático monarca[337],
Convertido en cazador tras la gentil pareja,
La más bella de los bosques, ciervo y cierva,
Que veloces escapaban a la puerta oriente.
Lo observó Adán, siguiendo con los ojos
La carrera, y le dijo a Eva no sin turbación:
«Oh Eva, nuevos cambios nos aguardan,
Que por estos signos mudos muestra el Cielo