Paraiso perdido
Paraiso perdido Debatámoslo ahora: hable quien consejo pueda dar».
Cesó y, próximo a él Móloc, Rey cetrado[104],
Se alzó, el EspÃritu más fuerte, el más fiero,
Que luchó en lo Alto; más feroz ahora en desespero:
Al Eterno confiaba éste equipararse
En fuerza y, más que no ser tanto,
PreferÃa no ser nada; descartando tal cuidado,
Se libró de todo pánico: de Dios, del Infierno,
O de cosa aún peor, por lo que dijo:
«Mi sentencia es lucha abierta: de artimañas,
Inexperto, no me jacto: que las trame
Quien precise o si lo exige algún momento, ahora no.
Pues, en tanto ésos las maquinan ¿deberá el resto,
Los millones que, en pie de guerra, ávidos aguardan
La señal de reascender, quedarse aquà sentados,
Fugitivos del EmpÃreo, y aceptar morada