Paraiso perdido
Paraiso perdido El pedrisco con el fuego, rasgará de Egipto el cielo
Y, cayendo al suelo en torbellino, todo engullirá a su paso.
Lo que no engulla, hierba, fruto o grano,
Una nube oscura de langostas bien tupida bajará
A devorarlo, no dejando nada verde en ese suelo:
La tiniebla enlosará todos sus confines,
La palpable oscuridad, y extinguirá tres días.
Al final, con aldabazo a medianoche, todo primogénito
De Egipto muerto yace. Y así, con diez heridas
El Dragón Fluvial[375], por fin domado, se resigna
A liberar al pueblo peregrino, y una y otra vez
Su terco corazón humilla, que cual hielo
Más se endura tras fundirse; hasta que rabioso,
Persiguiendo a los que echara, se lo trague
El mar con sus legiones, mientras cruzan los viajeros
Cual por suelo seco, entre muros de cristal