Paraiso perdido
Paraiso perdido En su Trono inmaculado y la etérica materia,
Incapaz de mancha, pronto expelería
El daño, purgándose triunfante del indigno fuego.
Rechazados de este modo, nuestra última esperanza
Es el craso desespero: hay que exasperar
Al Víctor Todopoderoso, que gaste su ira toda
Y ello nos termine: eso nuestra cura,
No ser más. ¡Qué triste cura!, pues ¿quién perdería,
Aunque lleno de dolor, este ser intelectivo,
Esos pensamientos que divagan por la eternidad,
Y mejor perecería, tragado para siempre
Por la vasta entraña de la increada noche,
Despojado de sentido y movimiento? ¿Y quién sabe,
Aun si fuese cosa buena, si el rabioso Enemigo
Puede darla o querrá hacerlo? Cómo pueda
Es dudoso; que no lo hará es cierto.
¿Acaso él, tan sabio, librará de golpe su furor
Incapaz de dominarse, o por descuido,
Otorgando a sus rivales su deseo y terminar,
En el colmo de su ira, a quienes su ira guarda