El Avaro
El Avaro CLEANTO.— Éstas no son cosas en que los hijos estén obligados a ceder ante los padres, y el amor no conoce a nadie.
HARPAGÓN.— Ya te haré conocerme bien, merced a unos buenos palos.
CLEANTO.— Todas vuestras amenazas no servirán de nada.
HARPAGÓN.— ¿Renunciarás a Mariana?
CLEANTO.— En modo alguno.
HARPAGÓN.— ¡Traedme un palo en seguida!