El Avaro
El Avaro MAESE SANTIAGO.— Si no os obsequio como quisiera, es culpa del señor intendente, que me ha recortado las alas con las tijeras de su economÃa.
HARPAGÓN.— ¡Traidor! No se trata ahora de la cena, y quiero que me des noticias del dinero que me han quitado.
MAESE SANTIAGO.— ¿Os han quitado dinero?
HARPAGÓN.— SÃ, truhán; y voy a hacer que te ahorquen si no me lo devuelves.
COMISARIO.— (A Harpagón). ¡Dios mÃo! No le maltratéis. Veo por su cara que es un hombre honrado, y que, sin necesidad de meterlo en la cárcel, os descubrirá lo que queréis saber. SÃ, amigo mÃo; si nos confesáis la cosa, no se os hará ningún daño y seréis recompensado como es debido por vuestro amo. Le han quitado hoy su dinero, y tenéis que saber alguna noticia de ese asunto.
MAESE SANTIAGO.— Aparte: He aquà justamente lo que necesito para vengarme de nuestro intendente. Desde que ha entrado aquà es el favorito; sólo se escuchan sus consejos, y tengo también contra él el agravio de los palos recientes.
HARPAGÓN.— ¿Qué estás rumiando?
COMISARIO.— (A Harpagón). Dejadme hacer. Se dispone a complaceros, y ya os he dicho que era un hombre honrado.