El Avaro
El Avaro MAESE SANTIAGO.— ¿Cómo es?
HARPAGÓN.— SÃ.
MAESE SANTIAGO.— Es… es como una arquilla.
COMISARIO.— Por supuesto. Mas describidla un poco para que veamos…
MAESE SANTIAGO.— Es una arquilla grande.
HARPAGÓN.— La que me han robado es pequeña.
MAESE SANTIAGO.— ¡Ah, sÃ! Es pequeña si se quiere tomarlo por ahÃ; mas yo la llamo grande por lo que contiene.
COMISARIO.— ¿Y de qué color es?
MAESE SANTIAGO.— ¿De qué color?
COMISARIO.— SÃ.
MAESE SANTIAGO.— Es de color…; eso es, de cierto color… ¿No podrÃais ayudarme a hablar?
HARPAGÓN.— ¡Chisss!
MAESE SANTIAGO.— ¿No es roja?
HARPAGÓN.— No; gris.
MAESE SANTIAGO.— ¡Ah, sÃ! Roja-gris, eso es lo que querÃa decir.
HARPAGÓN.— No hay duda alguna; es ella evidentemente. Escribid, señor, escribid su declaración. ¡Cielos! ¿De quién fiarse en lo sucesivo? No hay que decir nunca de esta agua no beberé; creo, después de esto, que acabaré por robarme a mà mismo.