El Avaro
El Avaro (A Valerio). ¿Por qué mezclar a mi hija en esto?
VALERIO.— Digo, señor, que me ha costado grandÃsimo trabajo hacer que consintiera su pudor en lo que mi amor deseaba.
HARPAGÓN.— El pudor, ¿de quién?
VALERIO.— De vuestra hija, y tan sólo desde ayer ha querido dedicarse a que firmásemos una promesa de casamiento.
HARPAGÓN.— ¿Mi hija te ha firmado una promesa de casamiento?
VALERIO.— SÃ, señor, y yo, por mi parte, le he firmado otra.
HARPAGÓN.— ¡Oh, cielos, otra gran desdicha!
MAESE SANTIAGO.— (Al Comisario). Escribid, señor, escribid.
HARPAGÓN.— ¡Agravación del mal! ¡Acrecimiento de la desesperación!
(Al Comisario). Vamos, señor; desempeñad el deber de vuestro cargo e instruidle una querella por ladrón y por seductor.
MAESE SANTIAGO.— Por ladrón y por seductor…
VALERIO.— Ésos son nombres que no me corresponden, y cuando sepan quién soy…