El Avaro
El Avaro CLEANTO.— He descubierto secretamente que no están en muy buena posición, y que a su discreta manera de vivir le es difÃcil atender a todas las necesidades con el peculio que puedan tener. Figuraos, hermana mÃa, la dicha que puede existir en rehacer la fortuna del ser amado, en aportar hábilmente algún pequeño socorro a las modestas necesidades de una virtuosa familia, e imaginad el disgusto que para mà representa ver que, por la avaricia de un padre, estoy en la imposibilidad de gozar esa dicha y de dar a esta beldad alguna prueba de mi amor.
ELISA.— SÃ; me imagino con bastante claridad cuál debe ser vuestro pesar.