El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— Es una ocasión que hay que coger por los pelos. Encuentro en esto unas ventajas que no encontrarÃa por otra parte; y se compromete a tomarla sin dote…
VALERIO.— ¿Sin dote?
HARPAGÓN.— SÃ.
VALERIO.— ¡Ah! Entonces no digo nada. ¿Veis? Ésa es una razón absolutamente convincente; hay que inclinarse ante ello.
HARPAGÓN.— Es para mà un ahorro considerable.
VALERIO.— Seguramente; es innegable. Verdad es que vuestra hija puede alegar que el matrimonio es un negocio mucho más importante de lo que puede creerse; que va en él la felicidad o la desdicha para toda la vida, y que un compromiso que ha de durar hasta la muerte no debe efectuarse nunca sino con grandes precauciones.
HARPAGÓN.— ¡Sin dote!
VALERIO.— Tenéis razón. Eso lo decide todo, ya se comprende. Hay gentes que podrÃan deciros que, en tales ocasiones, el amor de una joven es cosa que debe tenerse en cuenta y que esa gran diferencia de edad, de carácter y de sentimientos hace un matrimonio propenso a incidentes muy enojosos.
HARPAGÓN.— ¡Sin dote!