El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— Es una chanza querer formar su dote con todos los gastos que ella no hará. No voy a dar recibo de lo que no me han dado, y tengo que percibir algo.
FROSINA.— ¡Dios mÃo! Ya percibiréis bastante; y ellas me han hablado de cierto lugar donde tienen bienes, que pasarán a ser vuestros.
HARPAGÓN.— Habrá que verlo. Pero queda, Frosina, otra cosa que me inquieta. La moza es joven, como ves, y las jóvenes, generalmente, sólo aman a los de su edad y buscan únicamente su compañÃa; temo que un hombre de mi edad no sea de su gusto y que esto ocasione en mi casa ciertos pequeños desórdenes que no me convendrÃan.
FROSINA.— ¡Ah, qué mal la conocéis! Ésa es otra particularidad que pensaba deciros. Tiene una aversión espantosa por todos los jóvenes, y sólo siente amor por los viejos.
HARPAGÓN.— ¿Ella?