El Avaro
El Avaro FROSINA.— Os aseguro, señor, que el resultado de este pleito es para mà decisivo.
(Harpagón recobra su aire serio). Estoy arruinada si lo pierdo; y una pequeña ayuda reharÃa mis negocios. Quisiera yo que hubierais visto el embeleso en que se hallaba oyéndome hablar de vos.
(Harpagón recobra su aire alegre). La dicha estalla en sus ojos ante el relato de vuestras cualidades; y la he dejado con una impaciencia suma al ver ese casamiento enteramente concertado.
HARPAGÓN.— Me has dado un gran placer, Frosina, y te debo, lo confieso, todas las gratitudes del mundo.
FROSINA.— Os ruego, señor, que me entreguéis el pequeño socorro que os pido.
(Harpagón recobra de nuevo su aire serio). Esto me repondrá y os quedaré eternamente agradecida.
HARPAGÓN.— Adiós; voy a terminar mi correspondencia.
FROSINA.— Os aseguro, señor, que no podrÃais socorrerme en una mayor necesidad.
HARPAGÓN.— Ordenaré que mi carroza esté preparada para llevaros a la fiesta.
FROSINA.— No os importunarÃa si no me viese obligada a ello por la necesidad.
HARPAGÓN.— Y cuidaré de que se cene temprano para que no os sintáis desfallecida.