El Avaro
El Avaro MAESE SANTIAGO.— ¡Eh! No hablaba de eso.
VALERIO.— ¿No sabéis, señor fatuo, que soy lo bastante hombre para zurraros a mi vez?
MAESE SANTIAGO.— No lo dudo.
VALERIO.— ¿Y que no sois, en resumidas cuentas, más que un cocinero bergante?
MAESE SANTIAGO.— Ya lo sé.
VALERIO.— ¿Y que no me conocéis todavÃa?
MAESE SANTIAGO.— Perdonadme.
VALERIO.— ¿Me vais a zurrar?
MAESE SANTIAGO.— Lo decÃa en broma.
VALERIO.— Pues a mà no me gustan vuestras bromas.
(Dando de palos a Maese Santiago). Asà sabréis que sois un mal bromista.
MAESE SANTIAGO.— (Solo). ¡Mal haya sea la sinceridad! Condenado oficio es. De aquà en adelante renuncio a él y no volveré a decir la verdad. Pase aún en mi amo; tiene cierto derecho a pegarme; mas en cuanto a este señor intendente, me vengaré de él si puedo.