El Avaro
El Avaro CLEANTO.— (Poniéndose delante de Mariana, que quiere devolverle el diamante). De ningún modo, señora; está en unas manos harto bellas. Es un regalo que os hace mi padre.
HARPAGÓN.— ¿Yo?
CLEANTO.— ¿No es cierto, padre mÃo, que queréis que esta señora lo conserve como prenda de vuestro amor?
HARPAGÓN.— (Bajo, a su hijo). ¿Cómo?
CLEANTO.— (A Mariana). ¡Linda pregunta! Me hace señas de que os lo haga aceptar.
MARIANA.— No quiero.
CLEANTO.— (A Mariana). ¿Os burláis? No piensa volver a tomarlo.
HARPAGÓN.— Aparte: ¡Me sofoca el furor!
MARIANA.— SerÃa…
CLEANTO.— (Impidiendo siempre a Mariana que devuelva el diamante). No, os digo, lo tomarÃa como una ofensa.
MARIANA.— Por favor…
CLEANTO.— De ningún modo.
HARPAGÓN.— Aparte: ¡Maldito sea!
CLEANTO.— Mirad cómo le escandaliza vuestra negativa.
HARPAGÓN.— (Bajo, a su hijo). ¡Ah, traidor!
CLEANTO.— (A Mariana). Vedle desesperado.