El Avaro
El Avaro CLEANTO.— Ten por segura, Frosina, mi gratitud, si logras éxito en la cosa. Pero, encantadora Mariana, empecemos, os lo ruego, por ganarnos a vuestra madre; serÃa ya mucho que consiguiéramos romper el casamiento. Emplead en ello, por vuestra parte, os lo suplico, todos los esfuerzos que podáis. ServÃos de todo el ascendiente que sobre ella os da ese afecto que os tiene. Desplegad, sin reserva, las gracias elocuentes, los encantos todopoderosos que el Cielo ha puesto en vuestros ojos y en vuestra boca, y no olvidéis, por favor, ninguna de esas tiernas palabras, de esas dulces súplicas, de esas caricias conmovedoras a las que estoy seguro que no podrÃa negarse nada.
MARIANA.— Haré todo cuanto pueda, y nada olvidaré.