El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ANGÉLICA.— Puesto que vuestro consentimiento me autoriza a abriros mi corazón, no os ocultaré que hace seis dÃas el azar nos puso frente a frente, y que la petición que os han hecho es consecuencia de una inclinación mutua, experimentada desde el primer instante.
ARGAN.— No me habÃan dicho nada, pero me alegro, porque más vale que sea asÃ. Según parece, se trata de un buen mozo.
ANGÉLICA.— SÃ, padre mÃo.
ARGAN.— Arrogante.
ANGÉLICA.— SÃ.
ARGAN.— De aspecto simpático.
ANGÉLICA.— Ya lo creo.
ARGAN.— De fisonomÃa franca.
ANGÉLICA.— Muy franca.
ARGAN.— Digno y juicioso.
ANGÉLICA.— Precisamente.
ARGAN.— Honrado.
ANGÉLICA.— Como el que más.
ARGAN.— Que habla el latÃn y el griego a maravilla.
ANGÉLICA.— Eso no lo sabÃa yo.
ARGAN.— Y que dentro de tres dÃas será recibido de médico.
ANGÉLICA.— ¿Médico, padre mÃo?
ARGAN.— SÃ, ¿tampoco lo sabÃas?
ANGÉLICA.— No. ¿Quién os lo ha dicho?