El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ARGAN.— El señor Purgon.
ANGÉLICA.— ¿Lo conoce el señor Purgon?
ARGAN.— ¡Vaya una pregunta! No lo ha de conocer, si es su sobrino.
ANGÉLICA.— ¿Cleonte sobrino de Purgon?
ARGAN.— ¿Quién es ese Cleonte? Hablamos del joven que ha pedido tu mano.
ANGÉLICA.— ¡Claro!
ARGAN.— Que es sobrino del señor Purgon e hijo de su cuñado, el señor Diafoirus, médico también. Ese joven se llama Tomás: Tomás Diafoirus, y no Cleonte. Con él es con quien hemos acordado esta mañana tu boda, entre el señor Purgon, Fleurant y yo. Mañana mismo vendrá el padre a hacer la presentación de tu futuro. Pero ¿qué es eso? ¿Por qué pones esa cara de asombro?
ANGÉLICA.— Porque vos hablabais de una persona y yo me referÃa a otra.
ANTONIA.— ¡Eso es una burla! Teniendo la fortuna que tenéis, ¿serÃais capaz de casar a vuestra hija con un médico?
ARGAN.— ¿Quién te mete a ti donde no te llaman, imprudente?
ANTONIA.— ¡Calma! ¿Por qué no hemos de discutir sin acaloramientos? Hablemos tranquilamente. ¿Qué razones habéis tenido para consentir ese matrimonio?