El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ALGUACILES.— ¡No, no y no! Es preciso que aprendas. ¡A la cárcel!
POLICHINELA.— ¿No habrá nada que pueda enterneceros?
ALGUACILES.— Es fácil conmovernos, porque tenemos un corazón más humano de lo que se cree. Dadnos buenamente seis luises para echar un trago y os dejamos marchar.
POLICHINELA.— Créanme, señores; les aseguro que no llevo ni un céntimo encima.
ALGUACILES.— Pues elegid entre seis luises, treinta cocas o doce palos.
POLICHINELA.— Si no hay otro remedio, prefiero las cocas.
ALGUACILES.— Preparaos, y llevad bien la cuenta.
BAILABLE
(Los Alguaciles bailan, y al compás de la danza le van dando cocas).
POLICHINELA.— Uno y dos, tres y cuatro, cinco y seis, siete y ocho, nueve y diez, once y doce, trece y catorce y quince…
ALGUACILES.— ¡Alto, que ha hecho trampa.…! Volvamos a empezar.
POLICHINELA.— ¡Bueno está ya, señores, que tengo la cabeza hecha una breva.…! ¡Preferibles son los palos!