El enfermo imaginario
El enfermo imaginario CLEONTE:
Pero una promesa paternal
os obliga.
ANGÉLICA:
Antes morir que consentir,
antes morir.
ARGAN.— Y ¿qué dice a todo esto el padre?
CLEONTE.— Nada.
ARGAN.— ¡Valiente majadero, soportar tantas pertinencias sin decir palabra!
CLEONTE.— ¡Ay, amor mÃo!
ARGAN.— ¡Basta, basta ya…! ¡La tal comedia es escandalosa! Ese pastor Tirsis es un impertinente, y la pastora Filis, que habla de ese modo delante de su padre, es una impúdica. A ver esos papeles… ¡Ya, ya! ¿Dónde está aquà la letra que habéis cantado? Aquà no hay más que música.
CLEONTE.— Pero ¿no sabéis, señor, que se ha inventado hace poco el medio de escribir letras con los mismos signos de la música?
ARGAN.— Está bien… Para serviros, señor mÃo. Hasta la vista. Y maldita la falta que nos hacÃa conocer una obra tan impertinente.
CLEONTE.— Creà que os divertirÃa.
ARGAN.— Las majaderÃas no divierten nunca… Aquà está ya mi esposa.