El enfermo imaginario
El enfermo imaginario TOMÁS.— En mí ya nació, señorita, y por mi parte no hay nada que aguardar.
ANGÉLICA.— Si vos sois tan súbito, a mi no me sucede lo mismo; y os confieso que vuestros méritos aún no han logrado hacer una gran impresión en mi alma.
ARGAN.— ¡Bah, bah! Todo esto vendrá con el matrimonio.
ANGÉLICA.— Dadme tiempo, padre mío, os lo ruego. El matrimonio es una cadena a la cual no se debe ligar nadie violentamente; y si el señor es un hombre honrado, no debe aceptar por esposa a una mujer que se uniría a él por la fuerza.
TOMÁS.— Nego consequentiam. Señorita, yo puedo ser un hombre honrado y aceptaros de manos de vuestro padre.
ANGÉLICA.— Mal camino para hacerse amar el de la violencia.
TOMÁS.— Señorita, las antiguas historias nos cuentan que era costumbre raptar de la casa paterna a la joven con la cual se iba a contraer matrimonio, precisamente para que no pareciera que se entregaba voluntariamente en brazos de un hombre.