El enfermo imaginario
El enfermo imaginario LUISA.— Seguro.
ARGAN.— Está bien; yo te haré que veas algo. (Coge unas disciplinas).
LUISA.— ¡Papá, papá!
ARGAN.— ¡Farsante.…! ¿No quieres decirme que has visto a un hombre en la alcoba de tu hermana?
LUISA.— ¡Papá!
ARGAN.— Yo te enseñaré a mentir.
LUISA.— (Echándose a los pies de su padre). Perdón, papá, perdón. Mi hermana me rogó que no os dijera nada; pero yo os lo contaré todo.
ARGAN.— Primero te tengo que azotar por haberme mentido; después, ya veremos.
LUISA.— ¡Perdón, papá!
ARGAN.— No.
LUISA.— ¡No me azotes, papaÃto!
ARGAN.— Ahora lo verás.
LUISA.— ¡Por Dios, papá!
ARGAN.— (Sujetándola para zurrarle). ¡Vamos, vamos!
LUISA.— ¡Me habéis herido.…! ¡Me muero! (Cae, haciéndose la muerta).
ARGAN.— ¿Qué es esto.…? ¡Luisa.…! ¡Luisa.…! ¡Dios mÃo! ¡Luisa, hija mÃa…! ¡Ah, desventurado, que acabas de matar a tu hija! ¿Qué has hecho, miserable? ¡Malditas disciplinas.…! ¡Hija mÃa, Luisa!