El médico a palos
El médico a palos Oyes, y dentro de poco hay feria en Buitrago; si voy allá, y tengo dinero, y me acuerdo, y me quieres mucho, te he de comprar una peineta de concha con sus piedras azules.
(Toma el hacha y unas alforjas, y se va por el monte adelante. Martina se queda retirada a un lado, hablando entre sí).
MARTINA.— Anda, que tú me las pagaras… Verdad es que una mujer siempre tiene en su mano el modo de vengarse de su marido; pero es un castigo muy delicado para este bribón, y yo quisiera otro que él sintiera más, aunque a mi no me agradase tanto.