El médico a palos
El médico a palos (Doña Paula y Leandro salen por la puerta del lado derecho).
LEANDRO.— ¡Señor don Jerónimo!
Doña PAULA.— ¡Querido padre!
D. JERÓNIMO.— ¿Qué es esto? ¡Picarones, infames!
LEANDRO.— (Se arrodilla con Doña Paula a los pies de Don Jerónimo). Esto es enmendar un desacierto. HabÃamos pensado irnos a Buitrago y desposarnos allÃ, con la seguridad que tengo de que mi tÃo no desaprueba este matrimonio; pero lo hemos reflexionado mejor. No quiero que se diga que yo me he llevado robada a su hija de usted, que esto no seria decoroso ni a su honor ni al mÃo. Quiero que usted me la conceda con libre voluntad, quiero recibirla de su mano. Aquà la tiene usted, dispuesta a hacer lo que usted la mande; pero le advierto que si no la casa conmigo, su sentimiento será bastante a quitarla la vida; y si usted nos otorga la merced que ambos le pedimos, no hay que hablar de dote.
D. JERÓNIMO.— Amigo, yo estoy muy atrasado y no puedo…
LEANDRO.— Ya he dicho que no se trate de intereses.