El Misántropo
El Misántropo Señora, vuestra belleza está ornada por cien virtudes, y sólo en vos he encontrado sinceridad; me interesáis grandemente desde hace mucho tiempo, pero dejadme que os estime siempre en la misma forma; y permitid que mi corazón, agitado por mil desórdenes, no se doblegue al honor de vuestras cadenas: me siento demasiado indigno y comienzo a comprender que el cielo no me ha hecho nacer para ese lazo, que serÃa para vos un pobre homenaje el desecho de un corazón que no os iguala; y que en fin...
ELIANTA
Podéis pensar lo siguiente: no tengo prisa en otorgar mi mano; y sin inquietarme por demás, he aquà a vuestro amigo, que la aceptarÃa si yo se lo rogara.
FILINTO
¡Ah, señora!, ese honor es todo mi anhelo, y a él habrÃa de sacrificar mi sangre y mi vida.
ALCESTE
¡Asà podáis conservar siempre esos sentimientos el uno por el otro, a fin de gozar de dicha verdadera! Yo, traicionado por todos, abrumado de injusticias, voy a salir de este torbellino donde triunfan los vicios, para buscar sobre la tierra un apartado lugar, donde se pueda ser hombre de honor libremente. (Sale.)
FILINTO
Vamos, señora, vamos a emplear todos los medios para impedir el designio que se propone su alma.