El Misántropo
El Misántropo ¿Y acaso no es indispensable que el señor contradiga? ¿Queréis que se reduzca a la voz común, y que no haga ostentarse donde quiera el espÃritu de contradicción que recibió del cielo? Lo que otro piense no puede agradarle jamás; toma siempre partido por la opinión contraria, y creerÃa quedar como un hombre de poco más o menos si se le viera estar de acuerdo con alguien. El honor de contradecir tiene para él tanto encanto, que bastante a menudo toma las armas contra sà mismo; y sus propias ideas son atacadas por él tan pronto como las ve en boca de otro.
ALCESTE
El público está por vos, señora, no hay que decir, y podeis continuar enderezándome vuestra sátira.
FILINTO
Pero es cierto también que vuestro espÃritu se levanta siempre contra todo lo que se dice, y por una particularidad que él mismo confiesa, no podrÃa soportar que se alabe ni que se critique.
ALCESTE
¡Pardiez! Es que jamás tienen razón los hombres, es que el enfado contra ellos está siempre a tiempo, y que veo en todos los asuntos que son o loadores impertinentes o censores temerarios.
CELIMENA
Pero...