El Misántropo
El Misántropo ALCESTE
No, no, señora, no: por demás profunda es la herida, no hay retroceso, rompo con ella; nada podrÃa cambiar mi designio, y me castigarÃa si jamás volviera a estimarla. Hela aquÃ. Mi cólera redobla ante su vista; voy a hacerle vivos reproches por su perversidad, a confundirla plenamente y a traeros luego un corazón totalmente libre de sus engañadores hechizos.
ESCENA TERCERA
Celimena, Alceste
ALCESTE (aparte)
¡Cielos! ¿Puedo dominar aquà mis arrebatos?
CELIMENA (aparte)
¡Hola! (A Alceste.) ¿A qué se debe el desorden en que os hallo? ¿Y qué significan los suspiros que exhaláis y esas sombrÃas miradas que lanzáis sobre mÃ?
ALCESTE
Que todos los horrores de que es capaz un alma no tienen comparación con vuestras deslealtades; que la suerte, los demonios y el encolerizado cielo no han producido jamás nada tan malo como vos.
CELIMENA
He aquÃ, por cierto, galanterÃas que me encantan.