Tartufo
Tartufo DORINA: Tartufo, tomando de un grato sueño, fuese a su alcoba al levantarse de la mesa, metióse en su lecho bien caliente y durmió de un tirón hasta la mañana.
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: Vuestra esposa, ganada al fin por nuestras razones, consintió en sufrir una sangría y el alivio se siguió muy luego.
ORGON: ¿Y Tartufo?
DORINA: Armándose de valor como conviene y fortificando su alma contra todo mal, reparó la sangre perdida por la señora bebiendo en el desayuno cuatro copas grandes de vino.
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: En resumen, los dos están bien. Me adelanto a anunciar a la señora cuánto celebráis su convalecencia.