Tartufo
Tartufo TARTUFO: El amor que nos inclina a las cosas eternas no ahoga en nosotros el amor de las temporales. Fácil es que nuestros sentidos se hechicen ante las obras perfectas que el Cielo ha formado. En las personas de vuestro sexo refléjanse los atractivos del Cielo, mas éste ha expuesto en vos sus maravillas más raras, derramando sobre vuestra faz bellezas que sorprenden los ojos y transportan los corazones. Sí, ¡oh perfecta criatura!, no he podido veros sin admirar en vos al autor de la naturaleza y sentir mi corazón herido de ardiente amor hacia la más bella de las imágenes en que él se ha pintado. Pensé primero que este secreto ardor pudiera ser astucia del Malo y resolví huir de vuestros ojos creyéndoos obstáculo a mi salvación. Pero luego he conocido, ¡oh amabilísima beldad!, que esta pasión puede no ser culpable, y que cabe ajustarla con el pudor; y ello me ha llevado a rendiros, mi corazón. Reconozco ser gran audacia haceros la ofrenda de ése corazón, mas mis votos lo esperan todo de vuestra bondad y nada de los vanos esfuerzos de mi flaqueza. En vos tengo mi esperanza, mi quietud, y mi bien, de vos dependen mi pena o mi felicidad, y por vuestro decreto seré, si queréis, dichoso; desgraciado, si os place.