Tartufo
Tartufo ORGON: Nunca, hermano mÃo.
TARTUFO: Hermano: a una mujer le es fácil sorprender el alma de su marido.
ORGON: No, no.
TARTUFO: Permitidme, alejándome de aquÃ, quitarles la ocasión de atacarme de ese modo.
ORGON: Os quedaréis. Va en ello mi vida.
TARTUFO: Menester será que me sacrifique. Si vos lo queréis…
ORGON: ¡Oh!
TARTUFO: Sea; no se hable más. Pero yo sé cómo conviene proceder. El honor es cosa delicada, y la amistad me obliga a impedir toda hablilla y motivo de trastorno rehuyendo la presencia de vuestra esposa y no viéndoos a vos.
ORGON: Antes bien, frecuentaréis a mi mujer a pesar de todos, que es mi mayor alegrÃa ver despechadas a las gentes. Quiero que a todas horas os vean con ella. Y esto no es todo: para desafiarles mejor, deseo no tener otro heredero que vos mismo, y voy a haceros de mis bienes entera donación. Un amigo bueno y franco a quien recibo por yerno me es mucho más querido que hijo, mujer y pariente. ¿Aceptáis lo que os propongo?
TARTUFO: Hágase en todo la voluntad del Cielo.
ORGON: ¡Pobre hombre! Vayamos a redactar con prisa un escrito y asà la envidia se devore a sà misma en su despecho.