Tartufo
Tartufo CLEANTO: Excusas todas ellas muy bien coloreadas, señor, y razones muy retorcidas. ¿Por qué os encargáis de los intereses del Cielo? ¿Necesita éste de nosotros para castigar al culpable? Dejad al Cielo el cuidado de sus venganzas, pensad sólo en el perdón que de las ofensas prescribe, y no os atengáis a humanos juicios cuando sigáis las órdenes soberanas del Cielo. ¿Ha de impedir el mezquino poder del qué dirán la gloria de una buena acción? No; hagamos siempre lo que el Cielo dispone y no nos embrollemos el espíritu con otros cuidados.
TARTUFO: Ya os he dicho que perdono a Damis de corazón, y eso es hacer lo que el Cielo ordena. Pero, tras el escándalo y la afrenta de hoy, el Cielo no ordena que yo viva con ese joven.
CLEANTO: ¿Y os ordena, señor, abrir los oídos a lo que un puro capricho aconseja a su padre, y aceptar el don que os hacen de una hacienda que el buen derecho os obliga a no pretender?