Tartufo
Tartufo ORGON: Me avergüenza, señor, y me obliga a pediros perdón el no conoceros ni saber vuestro nombre.
LEAL: Me llamo Leal y soy natural de Normandía. Alguacil de justicia soy, pese a la envidia, y desde hace cuarenta años tengo, gracias al Cielo, la dicha de ejercer mi cargo con mucha honra. Vengo, señor, con vuestra licencia, a presentaros un mandato judicial…
ORGON: ¿Cómo? ¿Estáis aquí…?
LEAL: No os incomodéis, señor. Sólo traigo una intimación para que vos y los vuestros desalojéis esta casa, llevándoos vuestros muebles para dejar lugar a otro y eso es menester que se haga sin dilación ni aplazamiento algunos.
ORGON: ¿Salir yo de mi casa?
LEAL: Sí, si os place, señor. La casa ahora, como sabéis, pertenece sin disputa al bondadoso señor Tartufo, quien es de vuestros bienes dueño y señor en virtud del contrato que conmigo traigo y que está en buena forma, sin que nada quepa alegar.
DAMIS: En verdad que me admira tan gran desvergüenza.
LEAL: No hablo con vos, señor, sino a este señor, que es razonable, benigno y harto diestro en el oficio de hombre de bien para oponerse a la justicia.
ORGON: Pero…