El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado de tu contrario se aplaque.
Ve a Nápoles, y a la puerta
que llaman allá del Mar,
que es por donde tú has de entrar
a ver tu ventura cierta
o tu desdicha, verás
cerca de allá (estame atento)
un hombre...
PAULO ¡Qué gran contento con tus razones me das!
DEMONIO Que Enrico tiene por nombre, hijo del noble Anareto, Conocerasle, en efecto, por señas: que es gentilhombre, alto de cuerpo y gallardo, No quiero decirte más, porque apenas llegarás cuando le veas.
PAULO Aguardo
lo que le he de preguntar cuando le llegare a ver.
DEMONIO Sólo una cosa has de hacer. PAULO ¿Qué he de hacer?
DEMONIO Verle y callar,
contemplando sus acciones, sus obras y sus palabras.
PAULO En mi pecho ciego labras quimeras y confusiones. ¿Sólo eso tengo que hacer?
DEMONIO Dios que en él repares quiere, porque el fin que aquél tuviere ese fin has de tener.
(Desaparece.)