El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado OCTAVIO ¡Deteneos!
ENRICO ¡Mi bien, por amor de Dios!
OCTAVIO Aquí vinimos los dos no con lascivos deseos, sino a que nos escribiese unos papeles.
ENRICO Pues ellos,
que se precian de tan bellos, ¿no saben escribir?
OCTAVIO Cese vuestro enojo.
ENRICO ¿Qué es cesar?
¿Qué es de lo escrito?
OCTAVIO Esto es.
ENRICO Vuelvan por ellos, después, porque ahora no hay lugar. (Los rompe.)
CELIA ¿Los rompiste?
ENRICO Claro está.
Y si me enojo...
CELIA ¡Mi bien!
ENRICO Haré lo mismo también de sus caras.
LISANDRO Basta ya.
ENRICO Mi gusto tengo de hacer en todo cuanto quisiere, y si voarcé lo quiere,
seor hidalgo, defender, cuéntese sin piernas ya, porque yo nunca temí hombres como ellos.
LISANDRO ¡Que así
nos trate un hombre!
OCTAVIO ¡Calla!