El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado ENRICO ¿No te he dicho que no gusto que entren esos marquesotes? ¿Todos guedeja y bigotes adonde me dan disgusto? ¿Qué provecho tienes de ellos? ¿Qué te ofrecen? ¿Qué te dan éstos, que contino están rizándose los cabellos? De peña, de roble o riseo es al dar su condición su bolsa hizo profesión en la Orden de San Francisco. Pues ¿para qué los admites? ¿Para qué les das entrada? ¿No te tengo yo avisada? Tú harás algo que me incite a cólera.
CELIA Bueno está.
ENRICO ¡Apártate!
CELIA Oye, mi bien;
porque sepas que hay también alguno en éstos que da. Aqueste anillo y cadena me dieron éstos.
ENRICO ¿A ver?
La cadena he menester, que me parece muy buena.
CELIA ¿La cadena?
ENRICO Y el anillo
también me hace falta hora.
LIDORA Déjale algo a mi señora.
ENRICO Ella, ¿no sabrá pedillo? ¿Para qué lo pides tú?
GALVÁN Ésta por hablar se muere.
LIDORA (Aparte.) Mal haya quien bien os quiere, rufianes de Belcebú.
CELIA Todo es tuyo, vida mía; y pues yo tan tuya soy, escúchame.