El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado ENRICO Después se podrá trazar, que ahora, Galván, no quiero. Anillo y cadena tengo
que me dio la tal señora: dineros sobran ahora.
GALVÁN Ya tus intentos prevengo.
ENRICO Viva alegre el desdichado, libre de cuidado y pena, que en gastando la cadena le daremos su recado.
(Vanse todos y entran PAULO y PEDRISCO.) PEDRISCO Maravillado estoy de tal suceso.
PAULO Secretos son de Dios.
PEDRISCO ¿De modo, padre,
que el fin que ha de tener aqueste Enrico ha de tener también?
PAULO Faltar no puede
la palabra de Dios; el ángel suyo me dijo que si Enrico se condena yo me he de condenar, y si él se salva, también me he de salvar.
PEDRISCO Sin duda, padre,
que es un santo varón aqueste Enrico.
PAULO Eso mismo imagino.
PEDRISCO Esta es la puerta que llaman de la Mar.
PAULO Aquí me manda
el ángel que le aguarde.
PEDRISCO Aquí vivía
un tabernero gordo, padre mío, a donde yo acudía muchas veces, y más allá, si acaso se le acuerda, vivía aquella moza rubia y alta, que arquero de la guardia parecía, a quien él requebraba.