Los ensayos
Los ensayos a | Ahora bien, no es razonable juzgar la resolución y la entereza de quien no se halla todavía plenamente convencido de correr peligro, aunque lo corra; y no basta que haya muerto con esa actitud si no la había adoptado precisamente a tal efecto. La mayoría endurece el gesto y las palabras para ganar reputación, que esperan aún disfrutar en vida. c | En aquellos que he visto morir, la fortuna, no su propósito, ha dispuesto los gestos.[13] a | Y aun entre aquellos que en la Antigüedad se dieron muerte, debe distinguirse si se trata de una muerte repentina o de una muerte que dispone de tiempo. Un cruel emperador romano decía de sus prisioneros que les quería hacer sentir la muerte,[14] y si alguno se quitaba la vida en la cárcel, espetaba: «Éste se me ha escapado».[15] Quería extender la muerte y hacerla sentir con los tormentos:
b | Vidimus et toto quamuis in corpore caeso
nil animae letale datum, moremque nefandae
durum saeuitiae pereuntis parcere morti.[16]
[Vimos que, aun cuando su cuerpo estaba del todo consumido, no se le había dado ningún golpe mortal, y que una dura costumbre de nefanda crueldad escatimaba la muerte al moribundo].