Los ensayos
Los ensayos a | Sin embargo, en lo que a él se refiere, la blandura de sus preparativos hace más verosÃmil que la nariz le habrÃa sangrado si le hubieran puesto en situación. Pero aun entre aquellos que, más vigorosos, se resolvieron a la ejecución, es preciso ver —sostengo yo— si fue con un golpe que privaba del tiempo de percibir el efecto. Porque cabe dudar si, al ver escaparse la vida poco a poco, con el sentimiento del cuerpo mezclándose en el del alma, ofreciéndose la ocasión de arrepentirse, se habrÃa dado la firmeza y la obstinación en un propósito tan peligroso.
En las guerras civiles de César, Lucio Domicio, capturado en los Abruzos, tomó un veneno y luego se arrepintió.[19] Ha sucedido en nuestro tiempo que uno resuelto a morir, al no haber penetrado lo bastante hondo en el primer intento, pues la comezón de la carne le echaba el brazo atrás, volvió a herirse con fuerza dos o tres veces más, pero no pudo nunca obtener de sà mismo asestarse un golpe profundo. c | Mientras se juzgaba a Plaucio Silvano, Urgulania, su abuela, le envió un puñal, pero, al no lograr matarse con él, se hizo abrir las venas por sus criados.[20] b | En tiempos de Tiberio, Albucila, que se habÃa herido con excesiva blandura para quitarse la vida, todavÃa dio ocasión a sus adversarios de encarcelarla y darle muerte a su manera.[21] Lo mismo hizo el capitán Demóstenes tras sufrir una derrota en Sicilia.[22]